Este es el blog de Fernandezbross, pseudónimo de los hermanos Fernández Ruiz, unos tipos guapos, listos, modestos y que merece la pena leer. Su primera novela, El opositor, fue un éxito de ventas sin precedentes en Zurich, la segunda, Coto de Dios, se ha convertido en libro obligado de lectura en la Universidad de Connecticut, la tercera Meseta muerta, ha hecho replantarse la vida a Mel Gibson, que está pensando llevarla al cine (con unas palomitas)
lunes, 4 de mayo de 2015
Star wars: Episode VII is cooming…
Siento el resquemor de la fuerza
cuando escribo estas líneas… La gallina estelar de los huevos de oro fue
sacrificada por la avaricia de George Lucas, nos atormentó con dibujos animados
de sus robots, de los insoportables Ewoks, con las guerras Clon y con los
bodrios galácticos de las tres precuelas, y ahora…, vuelve al ataque.
Hace mucho mucho tiempo George
hizo dos películas excelentes y una patética,
El retorno del Jedi. No seré
el primero que diga que a la tercera entrega le sobraba metraje (hora y media)
y ositos de peluche, pero nuestro George no se dio cuenta y filmó tres más para
contar la historia de Vader. Siete horas para llegar a la conclusión de que fue
el aburrimiento lo que hizo al padre de Luke abrazar el lado oscuro. Estoy
convencido de que si entro en misa encontraré en los últimos bancos asistentes
con monos de yudo y espadas laser. La fuerza se hizo tan soporífera que acabó
por desaparecer de la galaxia.
Una nueva esperanza, George vendió
la franquicia y la Disney se ha encargado del nuevo proyecto, quizás analicen
las películas clásicas y vean que era la fuerza de los personajes y el humor lo
que hizo a El Imperio contraataca y Star Wars convertirse en grandes
clásicos.
viernes, 23 de enero de 2015
España da ejemplo al mundo. Según un estudio de la prestigiosa Universidad de Másachuches las flemas contribuyen a pulir el pavimento.
El estudio, realizado frente a
centros de tercera edad, bares de pinchos y en la zona peatonal de Gamonal, ha
demostrado que las áreas donde más esputos se proyectan sobre las aceras se
hallan en unas condiciones de conservación mejores que aquellas en las que el
gargajo verduzco es escaso o nulo. Por este motivo, los investigadores de la
prestigiosa Universidad recomiendan seguir el ejemplo del pueblo español, hacer
sonoras gárgaras arrancando los restos adheridos a fosas nasales y garganta y
lanzar coloridas y viscosas flemas en
los espacios públicos.
“Las líneas de investigación que
se abren gracias a esta tesis doctoral son enormes” -ha declarado el director
del proyecto-. “Ya hemos enviado expertos a España para que estudien el
beneficioso efecto en el patrimonio cultural de la orina y los excrementos de
perro. Los españoles y sus costumbres son un ejemplo a seguir.”
jueves, 15 de enero de 2015
Parques con encanto en la ciudad de Salamanca
Redacción:
Parques con encanto en la ciudad de Salamanca. Lugares
idílicos por los que pasear y perderse sin desnucarse con la cagada de un perro
o ser devorado por los patos.
.
.
.
Fin.
Agradecimientos: Al señor Alcalde, su equipo de gobierno y
la oposición por facilitarnos tanto el
artículo.
miércoles, 14 de enero de 2015
Sociedad de perros
No puedo mear en la calle, está
prohibido. Los perros pueden ¿Tienen los
perros más derechos que nosotros? Quizás vivimos en una sociedad de perros.
Multan por orinar en la calle a
ancianos con próstata. Nos obligan a reciclar la basura y caminar sobre orina de perro maloliente. Los niños juegan en
los parques rebozados en las heces caninas. El olor de las primeras gotas de
lluvia es sustituido por el olor a perro mojado. Sociedad de perros.
Nadie está obligado a tener
perro, es una decisión libre y egoísta que no tiene en cuenta las aceras y
esquinas que compartimos. Una decisión en la que no interviene el perrito, que
será abducido por unos tipos bípedos y alopécicos (salvo islas), castrado,
recluido de por vida en una prisión llamada piso, y privado de toda relación
con otros canidos. Fantástico futuro. ¿Cómo no mearse en las aceras? Sociedad
de perros también para los pobres perros.
jueves, 27 de noviembre de 2014
¿Recibe Ana Mato regalos de príncipes destronados?
A Ana Mato le hacen regalos,
presuntamente, alcaldes sobornados, constructoras y príncipes destronados…
¿Quién me regala a mí algo? Nadie. Paco, mi marido, gasta nuestros ahorros en
el bar de abajo y Sergio, nuestro hijo, dilapida lo que gana limpiando casas en
el gimnasio y en su Seat amarillo. Afortunadamente trabajo como funcionaria y
aporto el dinero que ellos despilfarran. Nadie nos regala nada, a Sergio
cualquier día lo despiden, Paco, pintor autónomo, tiene menos trabajo desde
que empezó la crisis y a mí me han rebajado el sueldo. Y siempre ha sido igual,
a Sergio no le dieron nunca una beca, mientras que se la daban a otros con más
dinero, eso le hizo desistir y abandonar los estudios en primero de
bachillerato; a Paco cada vez le exigen más facturas y tiene que pagar más en
IVA, y a mí, me llenan la mesa con datos para grabar en el ordenador. ¿No somos
todos iguales? ¿Entonces por qué un derecho de cuna permite a unos pocos
heredar pisos, coches y tierras? Cómo no votar a Podemos o cualquier grupo de
izquierda y luchar contra esas injusticias sociales.
Tan mal andamos económicamente
que tengo que comprar en el supermercado Lidl las ofertas semanales, estudiar
la publicidad e ir los jueves a primera hora, en cuanto abren; aún así, no me
libro de hacer colas para conseguir los artículos rebajados, una buena cesta de
la compra me lleva unas tres horas. Voy sola, mis compañeros no quieren
acompañarme y se quedan en la oficina, no deben tener problemas de dinero. Lo
que peor llevo de hacer la compra son los inmigrantes, ocurre lo mismo que en
urgencias, como no tienen nada que hacer y se pasan allí el día, ocupando los
médicos y las camas, o comprando todas las rebajas. No entiendo porqué los
siguen dejando venir. ¿No saben distinguirlos en los aeropuertos?¿No pagamos un
ejército y una policía para que patrullen las fronteras y hagan su trabajo? Los
dejan venir porque quieren.
Como decía, a mí no me regalan
nada, no como a la Ana Mato ,
los libros los saco de la biblioteca, es más, me he apuntado a un club de
lectura y todo, creo que soy la única en el barrio que lo ha hecho, pero es que
la gente no cuida su cultura.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
El pequeño Nicolás es el hijo de Leticia, ¿verdad o leyenda urbana?
Ayer salí a caminar dos horas, es
sano y me lo ha ordenado el médico porque tengo la tensión alta; anochecía,
helaba y el cielo estaba gris, pero no soy un cobarde y había comprado un chándal
azul eléctrico, unas zapatillas verdes y una camiseta naranja y fluorescente en
el Decatlon. A los cinco minutos descubrí que la ropa de colores vivos no quita
el frío, a los diez, el sudor copioso me hizo olvidar mi primer descubrimiento,
a los quince comenzó a llover y la lluvia arrastró los colores: la camiseta
clareó, los pantalones adquirieron tonos azules y naranjas y la zapatilla
derecha perdió la suela. Sentí miedo, nunca me había alejado tanto de casa a
pie y no conocía los bares, jarreaba y había un charco con ondas multicolores
de aspecto aceitoso bajo mi zapatilla y mi descalzo pie izquierdo. Entré en un bar;
el olor a fritos y cuerpos sudorosos y las moscas pegadas en los grasientos
azulejos de los años sesenta me reconfortaron. Había recorrido unos cientos de
metros, estaba en un territorio inexplorado, pero los bares eran iguales,
acogedores, humanos, nostálgicos… Pedí una caña y me senté frente a la barra
tapizada en skay a leer el Marca, el taburete chilló al arrastrarlo por el
suelo. Las lágrimas llenaron mis ojos, tan lejos de casa y tan cerca. Viajar es
bueno, conoces sitios y te das cuenta de que las cosas, en todas partes, son
parecidas. El camarero jugaba a las locomotoras de vapor con la cafetera; una
manada de niños gritaba y corría golpeándose contra mesas y sillas, derribaron a un señor con muletas y le patearon
los riñones; las madres con abrigos de piel sintética y mallas de leopardo
tomaban café, dándoles libertad; un pintor bebía una caña con aire soñador,
vestido con un mono lleno de manchas y
costras de pintura; un grupo de amigos, con sus barrigas cerveceras y sus
abrigos raídos, comentaban una noticia: El pequeño Nicolás era el hijo de
Leticia, el que tuvo en su anterior matrimonio. Acabé la caña, llamé a un taxi
y volví al barrio. Me sentía orgulloso de mí mismo, había recorrido mundo y
regresaba con nuevas historias.
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